¿ Qué es la preocupación en psicología?

La preocupación es un componente de la respuesta de ansiedad que posteriormente perpetúa su ciclo.

preocupación

A menudo nuestra respuesta a un pensamiento inquietante – por ejemplo, miedo a que sucederá algo malo – es evitar hacer algo. O podemos tomar diversas acciones de precaución que no eran realmente necesarias. Debido a nuestra capacidad para representar acontecimientos reales como pensamientos o imágenes en nuestra mente, a menudo respondemos a nuestros pensamientos como hechos reales.

Por tanto, si tenemos el pensamiento de que algo malo puede pasar si corremos un riesgo (tal como conducir, coger un avión, etc.), y experimentamos ansiedad asociada a este pensamiento, puede parecer perfectamente lógico que no realicemos esa acción.

Otro aspecto difícil de la preocupación es que aunque es una experiencia desagradable que está asociada a tensión y ansiedad, también tiene algunas cualidades positivas. Preocuparse acerca de las cosas que podrían suceder en el futuro pueden sacarnos fuera de experiencias más apremiantes en el presente. Por ejemplo, preocuparse acerca de la salud y la seguridad de los niños puede ayudar a un individuo al malestar extremo asociado con los problemas actuales en la relación con su cónyuge.

También, el acto de preocuparse está asociado de hecho con el descenso de la activación fisiológica. Esto es, mientras la gente se preocupa, experimenta respuestas de miedo menos intensas hacia las cosas por las que se siente amenazado. Esto significa que la preocupación nos hace sentir mejor que la experiencia completa del miedo. De hecho, la preocupación puede contribuir a nuestra falta de conciencia de que estamos teniendo una respuesta de ansiedad debido a que el hecho de preocuparse suprime otras señales de la ansiedad (como la taquicardia o el sudor de manos).

Por último, la preocupación nos proporciona la ilusión de resolver el problema – con frecuencia sentimos que pensando acerca los posibles resultados negativos, seremos capaces de prevenirlos o evitarlos. Sin embargo, en realidad, la preocupación se suma nuestra respuesta de ansiedad manteniéndonos tensos por los resultados negativos y no permitiéndonos aprender que no necesariamente ocurrirán o que seremos capaces de afrontarlos si suceden. La preocupación nos mantiene inactivos y disminuye nuestra flexibilidad en respuesta a nuestras señales de ansiedad. Sin embargo, como la ansiedad, la preocupación es un hábito, y resulta muy difícil pararla una vez que ha empezado.

Tanto la ansiedad como la preocupación suceden automáticamente; son hábitos sobreaprendidos. Desafortunadamente, nuestros esfuerzos para alterar estos hábitos (por ejemplo, intentar controlar nuestra preocupación o reducir nuestra ansiedad) a menudo aumentan nuestra ansiedad y preocupación. Todos hemos experimentado la frustración que produce que alguien nos diga “solo tienes que dejar de preocuparte demasiado” y
saber que no es nada fácil controlar estas experiencias indeseables. De hecho, intentar no preocuparse con frecuencia nos lleva a preocuparnos más. Esto sucede porque es difícil controlar la experiencia interna.

La gente que se preocupa excesivamente y experimenta ansiedad intensa, normalmente informa de que esas experiencias interfieren con sus vidas de forma significativa. La preocupación y la ansiedad pueden impedir que la gente viva de forma más completa sus propias vidas, o que persigan las oportunidades que realmente valoran. Algunas personas informan que la preocupación les hace sentir como si fueran espectadores de sus vidas, más que participantes activos.

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