Ansiedad y la respuesta de «lucha o huida»

Evolutivamente la ansiedad ha sido muy importante en nuestra supervivencia, este sistema de respuesta está muy desarrollado y se activa rápida y automáticamente en respuesta a cualquier señal de amenaza.

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La ansiedad es una respuesta natural y adaptativa a las circunstancias amenazantes. Las señales de ansiedad (sensaciones fisiológicas, pensamientos ansiosos, etc.) nos advierten de que nos enfrentamos a una amenaza y nos ayudan a responder a la misma, preparándonos para luchar o para huir de una situación peligrosa.

Por esta razón las respuestas se denominan a menudo “respuestas de lucha o huida”. Además, podemos responder a las señales ansiosas paralizándonos y no realizando ninguna acción, independientemente de lo que percibamos como amenazante.

La reacción de ansiedad implica a todos nuestros sistemas de respuestas: nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras sensaciones físicas y nuestras conductas. Cuando estamos ansiosos, percibimos fácilmente la amenaza, tenemos pensamientos catastróficos, notamos activación y tensión en nuestros cuerpos, sentimos malestar e intranquilidad, y estamos motivados para huir, evitar las señales de amenaza, o quedarnos paralizados.

Todo esto es deseable cuando nos enfrentamos a una amenaza física. Es más probable sobrevivir si rápidamente, sin demasiada atención o pensamientos, evitamos cualquier amenaza externa. De hecho, nuestro sistema está tan desarrollado que la evitación puede ocurrir sin que seamos conscientes de la amenaza que estamos evitando. Con frecuencia la gente suele apartarse de cosas sin ni siquiera darse cuenta de que lo están haciendo o de por qué lo hacen.

Desafortunadamente, aunque el desarrollo de este sistema de respuesta, nos ha ayudado en la supervivencia de nuestra especie, tiene ciertas desventajas. En gran parte debido a nuestras complejas capacidades para pensar y utilizar el lenguaje, hemos desarrollado la capacidad para experimentar respuestas ansiosas incluso cuando la amenaza no está inmediatamente presente. Con solo imaginar un acontecimiento negativo futuro, o pensar acerca de un hecho pasado, puede aparecer la respuesta de lucha, de huida, o de paralización. Por ejemplo, podríamos preocuparnos sobre el rechazo de alguien que nos gusta, y experimentar una subida de ansiedad aunque nada de eso haya sucedido aún.

También el hecho de que percibamos un acontecimiento como amenazante puede llevarnos a experimentar una fuerte respuesta de parálisis, lucha o huida cuando no hay ningún peligro real en la situación. Una vez que comienza el ciclo de ansiedad, se mantiene a sí mismo (las sensaciones de ansiedad son señal de pensamientos ansiosos que incrementan las sensaciones de ansiedad, etc.), de modo que pueden convertirse en arrolladores y distraernos de lo que ocurre a nuestro alrededor.

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Así, los pensamientos acerca de nuestro pasado, o nuestros miedos acerca del futuro, pueden impedir que estemos en contacto con lo que realmente está ocurriendo en el presente. Por ejemplo, podríamos experimentar ansiedad en presencia de alguien que nos gusta porque imaginamos que esa persona nos va a rechazar en el futuro, aunque nada negativo haya ocurrido hasta el momento.

Debido a que nuestras respuestas a la amenaza son tan automáticas, podemos empezar a sentirnos muy ansiosos y tener pensamientos inquietantes incluso antes de tener conciencia del acontecimiento que desencadenó esta respuesta. Y podemos empezar a escapar o evitar rápidamente situaciones asociadas, sin incluso darnos cuenta de que la amenaza no estaba presente. Por tanto, una desventaja de la respuesta de lucha o huida es que a veces respondemos a amenazas que no están presentes.

Mientras luchar o huir son probablemente las mejores respuestas cuando nos enfrentamos a un peligro físicamente presente, pueden no serlo cuando están presentes otras “amenazas” más comunes. De hecho, hay muchos ejemplos en el que evitar las amenazas que encontramos puede ser problemático. Por ejemplo, uno puede sentirse extremadamente ansioso mientras da una charla en público y sentirse mucho mejor yéndose de la sala o paralizándose mientras permanece allí; sin embargo, es improbable que esto haga la situación menos amenazante en la forma en que lo haría correr ante los dientes de un tigre o camuflarse y quedarse quieto.

O, si sentimos amenaza al ser asertivos con nuestro jefe, porque nos sentiremos ansiosos o incompetentes o porque puede enfadarse con nosotros, una respuesta natural podría ser irse (o evitar) esa situación. Pero si tenemos un fuerte sentimiento de que es importante comunicar efectivamente al jefe nuestras preocupaciones, puede ser importante no prestar atención a esa respuesta autoprotectora de evitación.

Con frecuencia las amenazas (sentimientos de vulnerabilidad, inseguridad, ansiedad, los pensamientos negativos acerca de uno mismo y del futuro) surgen cuando la gente se esfuerza por cosas sobre las que tiene que cuidar (una relación íntima, una profesión). Así, a veces elegimos seguir en una actividad que conllevan la respuesta de “amenaza” y nos esforzamos por no hacer caso de la reacción de lucha / huida o evitación.

Obviamente no siempre sabemos lidiar con estas situaciones de ansiedad que nos hacen sentir limitados en nuestra vida diaria, por ello es importante acudir a la consulta de un profesional de la psicología que nos ayude a gestionar la ansiedad y su respuesta de lucha, huida o evitación.

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