¿Qué es la aceptación en psicología?

Otro concepto que aparece en las terapias de tercera generación es la aceptación.

aceptación

Aceptar algo es vivir con ello sin querer cambiarlo. Aceptar nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones es dejar de hacer todo aquello que empleamos para evitarlos. Aceptar es enfocar nuestra vista fuera del microscopio que nos centra en nuestro dolor, ampliando así nuestro campo de visión sin dejar de ver nuestras molestias.

Aceptación no es aguantar. Aguantar es hacer fuerza para oponerse al empuje de otro. Aceptar supone no luchar contra esa fuerza. Cuando dos personas están tirando de una cuerda intentando hacer que la otra ceda, la aceptación es dejar de hacer fuerza en una lucha que se considera inútil.

Aceptación no es resignarse. Resignarse es abandonar nuestros intereses, aceptar es luchar por nuestros valores e intereses.

Aceptación no es ignorar nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Aceptar es abrirse a experimentarlos.

Aceptación no es un camino para no sufrir. Aceptar es asumir el sufrimiento necesario para conseguir nuestros objetivos.

La aceptación nos permite desactivar los pensamientos. Los pensamientos no son la realidad, puedo pensar: “soy Superman” o “en la puerta de mi casa hay un león”. Si les hago caso a mis pensamientos actuaré según lo que ellos me dicen, intentaré volar desde un balcón y no saldré de casa. Por ello debo aprender a no hacer caso a lo que ellos me dicen, tomar distancia, cuestionarlos.

Aceptando que tengo el pensamiento de que el león está en la puerta de mi casa, pero que yo voy a seguir entrando y saliendo, estoy desactivando el pensamiento (defusión). Puedo luchar contra ellos, puedo empezar a discutir que son pensamientos absurdos, pero la realidad es que están ahí, por un proceso de condicionamiento accidental han aparecido y si ahora me obsesiono por eliminarlos es peor.

La aceptación supone un cambio de filosofía acerca del sufrimiento. Cuando los pensamientos del ejercicio anterior aparecen, la persona se revela contra ellos, le molestan, comienza a pensar: “de nuevo me están molestando estos pensamientos”. Si decidimos no salir de casa para no sufrir, porque pensamos que hay un león en la puerta, nunca alcanzaremos nuestros objetivos. Si luchamos contra ellos también perderemos el rumbo de nuestra vida.

La aceptación supone no solamente no evitar el sufrimiento, sino que a veces buscarlo, por que va indisolublemente unido a lo que queremos. Para ello hay que vivir con determinación. Seguro que si no evito esos pensamientos con el tiempo perderán fuerza y dejarán de molestarme.

“Dos mujeres se encontraban en su despacho compartido trabajando con sus respectivos ordenadores. A una de las mujeres mientras estaba escribiendo, le empezaron a aparecer mensajes en la pantalla de su ordenador. Mensajes que decían “nunca solucionarás tu problema” “eres una inútil” “la gente te ve mal”. Cuando leyó estos mensajes empezó a creérselos y a angustiarse, a sufrir terriblemente ¡¡¡Parecían tan ciertos!!!. Entonces intentó borrarlos de la pantalla, pero no pudo. Así que continúo trabajando. De vez en cuando, volvían a aparecer pero como ella sabía que no podía eliminarlos, no intentó hacer nada siguió trabajando. A pesar de los mensajes a que a veces aparecían y le hacían sufrir, la mujer disfrutaba y se sentía bien consigo misma porque su trabajo estaba quedando tal y como ella quería.
A la otra mujer, le empezó a suceder lo mismo. Empezaron a aparecerle los
 mismos mensajes que a su compañera: “nunca solucionarás tu problema” “eres
 una inútil”... Entonces intentó eliminarlos, pero no lo conseguía. Sufría
 muchísimo porque estaba totalmente convencida de que los mensajes eran
 ciertos. Y además sufría porque no conseguía eliminarlos. Así que dejó de
 trabajar para pensar qué métodos podía emplear para eliminar los mensajes.
 Estaba segura de que si no los borraba no podría continuar trabajando. Así
 que empezó a probar un método tras otro, pero no conseguía nada. Los
 mensajes seguían allí. Miraba a su compañera con rabia porque la veía
 trabajando e incluso parecía que estuviera disfrutando con su trabajo. Pensó
 que su compañera podía trabajar porque no recibía los mismos mensajes que
 ella. Así que siguió en su empeño por eliminarlos. Su sufrimiento iba en
 aumento: cada vez tenía más mensajes negativos, fracasaba en todos sus
 intentos por eliminarlos y encima no avanzaba en su trabajo. Se quedó
 encallada en esta situación”.

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